13.6.20

Pandemia: Los maestros en Tarija, entre la incertidumbre y la vocación



Miguel Ángel Rivera es maestro de matemáticas de secundaria, tiene 31 años, estudió en la Escuela Superior de Formación de Maestros Juan Misael Saracho de Canasmoro, egresó en el año 2010 y hace nueve años y medio trabaja en la Unidad Educativa “Santa Rosa de Agua Blanca” en Caraparí.

Con la sinceridad clara cuenta que llegó a estudiar a la normal gracias a su madre, pues aunque deseaba hacer una carrera universitaria era lo que ella podía ofrecerle, debido a la existencia del internado. Explica que su familia no poseía solidez económica y el vivir en la ciudad era costoso.

Sin embargo, al transcurrir sus estudios conoció a una muy buena docente, de la que fue su estudiante y así despertó su vocación. “Enseñaba con una pasión que me dejaba pasmado”, cuenta.

A partir de ese momento disfrutó de la docencia, puso todo su empeño en su capacitación y clases dadas a los jóvenes. Hoy a nueve años y medio de sus inicios, al igual que muchos de los maestros actuales, se enfrenta al reto de enseñar en medio de la pandemia por el Covid-19, remando contra un difuso panorama educativo y sorteando las limitaciones de la educación virtual.

Respecto a la situación comienza asegurando que existe gran preocupación por la salud como también por la educación. En su colegio a iniciativa de varios de sus estudiantes comenzaron creando grupos de whatsapp a través de los cuales Miguel enviaba videos explicativos con conceptos y ejemplos de resolución de ejercicios.

“Tuve que aprender a hacer vídeos para enviarlos”, dice y agrega que también trabajaba propuestas de ejercicios matemáticos para su resolución. Tras esto los estudiantes recibían todo y enviaban sus soluciones. “Yo les hacía unas sugerencias de ser necesario para que puedan mejorar su trabajo”, explica.

Más aún, la inquietud por aprender por parte de los estudiantes y por enseñar por parte de Miguel crecía cada vez más, de tal manera que la pasada semana migraron a los grupos de aula virtual de google, cuyo manejo Miguel lo aprendió a través de su propia investigación y exploración.

Lo gratificante según comenta el joven maestro es la existencia de estudiantes que responden a las clases virtuales y cumplen con las actividades que se les propone. Más aún, con mucha tristeza el profesor revela que este tipo de educación no es accesible a todos, por lo que posee carácter voluntario.

“Al no existir alguna normativa que regule este tipo de educación y además por la falta de accesibilidad, las actividades que estamos desarrollando de manera remota o virtual con mis estudiantes tienen carácter voluntario. Es decir que no afectarán a las calificaciones en la unidad educativa. El grupo que tenemos es prácticamente un grupo de estudio espontaneo”, detalla.

La virtualidad y la vocación


Respecto a la educación virtual Miguel expresa su preocupación debido a que hasta ahora no se ha tomado una determinación desde el Ministerio de Educación. Asimismo, dice que existe preocupación de muchos estudiantes sobre la situación de las labores escolares.

En cuanto a la educación virtual afirma que prefiere llamarla “educación remota, o avance curricular remoto”, ya que según explica una educación virtual debería previamente pasar por una etapa seria de planificación tanto en el aspecto curricular como en el aspecto pedagógico y porque no decir también neurológico.

“Como bien sabemos la pandemia nos agarró muy desprevenidos en muchos aspectos. Es importante tomar conciencia que este tipo de educación a través de plataformas digitales no es accesible a todos los estudiantes, ya sea porque no existe la cobertura adecuada de Internet o porque muchas familias no pueden asumir el gasto económico que este tipo de educación implica”, asegura al tiempo que revela que en su región hay estudiantes, cuyas familias aún no cuentan con el servicio de electricidad.

Sumado a ello afirma que seguramente a varios colegas les costará muchísimo manejar los equipos y plataformas digitales para llevar adelante una educación virtual. Más aún, concluye destacando el esfuerzo de los maestros en el manejo de herramientas tecnológicas que de cierta manera permiten dar continuidad a la educación al menos en cuanto al avance curricular.

Como Miguel en Tarija hay muchos maestros sobre todo de colegios particulares que han hecho de la educación virtual una práctica diaria para cumplir con sus competencias educativas.

Profesor Miguel Rivera Matirayo

En la imagen el profesor Miguel Rivera Matirayo


"Vamos tomando ritmo"


Nélida Sánchez Ruiz es maestra de primaria del colegio Felipe Palazón y aunque en los colegios privados no hay muchos problemas respecto al acceso a Internet, admite que este tipo de educación al comienzo fue difícil, pues de un momento a otro se vieron en el desafío de dar las clases virtuales. Detalla que pese a la capacitación brindada en su colegio el manejo de la tecnología les costó. “La primera experiencia fue muy linda, sobre todo el encontrar a los estudiantes de mucho tiempo. Hoy ya pasaron dos meses y vamos tomando ritmo”, asegura.

Agrega que en tiempos de pandemia el rol del maestro es importante, sobre todo cuando la educación virtual permite continuar con el programa curricular de los contenidos más importantes y brindar actividades a los estudiantes, que debido a la situación no tienen mucho que hacer en casa.

Sobre las desventajas asegura que una de las principales se constituye por los aparatos tecnológicos a lo que se suma el retorno de los padres de familia al trabajo, pues el apoyo en el aprendizaje de sus hijos se verá mermado.

La experiencia desde la docencia universitaria


Estela Oller es licenciada en comunicación social y docente hace más de diez años. Hoy dicta las materias de Taller de Facilitación y Comunicación, y Pensamiento Crítico en la Universidad Católica Boliviana de Tarija, institución que debido a un trabajo previo se ha adecuado con éxito a la nueva modalidad virtual. Más aún, todo cambio conlleva un esfuerzo.

Estela comienza afirmando que la pandemia les dio la vuelta las estructuras tradicionales en el proceso de enseñanza -aprendizaje. “De repente nos llegó la avalancha de la virtualidad y sin aviso nos vimos inmersos en el torbellino de emociones encontradas”, dice y agrega que por un lado el impacto se concentró en dejar de ver a los estudiantes y tener ese contacto tan particular del que disfrutan los buenos maestros.

Y por el otro lado en “el utilizar la tecnología que sí bien se convirtió en herramienta indispensable, antes de la cuarentena era un recurso de apoyo no esencial como ahora”.

Reflexiona que la conectividad es importante y por supuesto la tecnología, por lo que igualmente destaca que no todos tienen el acceso como se debe, sumado a ello la señal de las empresas que proporcionan los servicios de Internet tampoco es la adecuada, pues según apunta hay problemas de saturación y lentitud que impiden el desarrollo de una clase normal.

“Ahí la labor docente realmente hizo en muchas ocasiones milagros para llegar a todos”, dice y destaca que es ese el momento en el que la vocación se pone a flor de piel. Más aún, resalta que ayudaron mucho las actualizaciones docentes en las que les capacitaron sobre el manejo de las plataformas virtuales.

“En la marcha siempre surgen situaciones que requieren del máximo de creatividad para solucionarlas y la paciencia para explicar una y mil veces qué tienen que hacer para seguir en la clase, el examen o la tarea”, concluye y añade que la virtualidad ya no es una opción sino una realidad que se debe incorporar a la enseñanza.


Video Desfile 6 de Agosto Plaza Murillo: Unidad Educativa Republica de Paraguay

12.6.20

La CBDE califica de ‘escasa e insuficiente’ la reacción del Ministerio de Educación a la pandemia



La Campaña Boliviana por el Derecho a la Educación (CBDE) sostiene que el Gobierno vulnera el derecho a la educación de 2.9 millones de estudiantes del sistema educativo nacional con la respuesta “escasa e insuficiente” que ha dado frente a la pandemia, y propone siete medidas específicas para mejorar la situación.

La CBDE se autodenomina una instancia que articula a organizaciones nacionales e internacionales, redes, organizaciones sociales, instituciones académicas y activistas. Una de sus principales críticas es que la suspensión de actividades educativas a causa de la pandemia, a partir del 13 de marzo, interrumpió procesos de enseñanza y aprendizaje en el sistema educativo y que produce mayor desigualdad, pues incrementa la brecha digital urbana-rural y entre unidades educativas fiscales y privadas.

Agrega que el Decreto Supremo 4260, del 6 de junio del 2020, que tiene el fin de normar la complementariedad de las modalidades presencial, a distancia, virtual y semipresencial en los subsistemas de educación regular, alternativa y especial, y superior, no hace mención a la priorización de contenidos curriculares, aspectos administrativos y de gestión, reprogramación del calendario escolar y que no fue consensuada.


Siete propuestas


Ante la ausencia de un plan educativo efectivo y un decreto que agudiza las desigualdades, según la entidad, propone siete aspectos a tomar en cuenta, destacando entre los primeros: desarrollar un plan con reglamentación clara y detallada coordinado con sectores de la sociedad civil, acompañarlo con insumos, adecuación de infraestructura y protocolos de bioseguridad para la comunidad estudiantil, incluir lineamientos que aseguren el acceso al uso de nuevas tecnologías en todo el sistema educativo, designar fondos suficientes para garantizar su cumplimiento.

Este medio insistió con la unidad de comunicación del Ministerio de Educación para conocer aspectos específicos de la propuesta presentada el 6 de junio y su posición frente a esta y otras críticas, pero no hubo respuesta.

11.6.20

El nuevo director departamental de Educación de Santa Cruz será presentado el lunes

La Dirección Departamental de Educación de Santa Cruz hizo conocer este domingo que Gilberto Molina Roca, nuevo director departamental del Seduca, será presentado el lunes, a las 16:00, en instalaciones de la entidad pública ubicada en la calle La Paz.

Molina es nacido en Portachuelo y se desempeñó como profesor y director distrital en Yapacaní.

El cruceño fue posesionado en el cargo por el ministro de Educación, Víctor Hugo Cárdenas, quien le encomendó eficiencia y acabar con las irregularidades.

Video Desfile 6 de Agosto Plaza Murillo: Unidad Educativa Alonso de Mendoza

Video Revisando el Decreto Supremo N° 4260, Educación Presencial, A Distancia, Virtual y Semipresencial

10.6.20

Para nadie es fácil: la educación virtual obliga a maestros, estudiantes y padres a reinventarse

La pandemia del coronavirus encontró a los profesores, a los estudiantes y a los padres munidos de buenas intenciones, pero de pocas herramientas para enfrentar el reto de la educación virtual.

De la noche a la mañana, escuelas, colegios, institutos e incluso centros de educación superior, como universidades cerraron sus puertas y dejó de escucharse la bulliciosa, pero necesaria interacción de profesores y alumnos.

El 12 de marzo, es decir, hace casi tres meses, el gobierno de Jeanine Añez dispuso la suspensión de actividades académicas, tras la llegada de los primeros casos de coronavirus al país.

De pronto, maestros, y alumnos se vieron frente a frente en una pantalla y esta vez sumaron a un tercer actor: los padres y madres de familia.

A estas alturas, hay maestros que lograron captar la atención de sus alumnos con creatividad y empeño, pero otros todavía lidian con la indisciplina virtual. Y entre los estudiantes hay quejas por la metodología, por la cantidad de tareas y por la falta de megas para navegar.

Y, ni qué decir de los padres, que deben repartir sus labores entre ayudar a los hijos con las abundantes tareas, el trabajo de la oficina que ahora se ha instalado en la casa y las labores domésticas. No es fácil para nadie.
Ángel Aruquipa y Óscar Trigo, profesores de Matemáticas del ciclo secundaria preparan sus clases virtuales.

Maestros bajo la lupa


La profesora de kínder Marianela Calderón cuenta que los padres de familia y la población ahora se están dando cuenta que la labor de los maestros no es sencilla; porque con mucho amor y paciencia se reinventan cada día. “Esta época nos ha tocado duro, hemos tenido que ver las mejores formas de llegar a nuestros niños”, señala.

Dice que esta etapa es de mayor desafío y trabajo para los maestros porque “se debe pensar muy bien para llegar a ese niño y enseñarle más que contenidos, desarrollo de habilidades para que puedan seguir aprendiendo”.

Alberto (cuyo apellido pidió guardar en reserva), profesor de nivel secundario, no es tan optimista. Se queja porque en la educación virtual la conducta de varios alumnos “deja mucho que desear”. Asegura sentirse con las manos atadas para realizar cualquier reclamo o acción correctiva porque los padres de familia amenazan con denuncias al Ministerio de Educación.

“Los alumnos no me atienden en las clases virtuales, encienden y apagan pantallas argumentando que se fue la señal, juegan, ríen y ante cualquier llamada de atención por parte mía me dicen que se quejarán con sus papás o irán al Ministerio. Me siento desmotivado porque no tienen en cuenta que me cuesta preparar material para que mis clases sean comprensibles”, se lamenta.

Carola Gutiérrez, maestra de primaria, opina que la educación a distancia se debe planificar y organizar metódicamente, lo cual incluye cursos de adiestramiento y formación. “La pandemia nos halló más indefensos en La Paz, tuvimos que improvisar y poco a poco conectarnos con nuestros colegas para coordinar lo mejor posible esta difícil gestión escolar”.

A su ardua faena educativa, los maestros añaden la propia atención a sus hogares e hijos; además de la realización de tareas domésticas. Deben hacer malabarismos para equilibrar el tiempo y que el día alcance para todo.

Estudiantes aislados

Para los estudiantes tampoco está resultando fácil esta experiencia. Estudiar “encerrados”, sin posibilidad alguna de socializar con sus compañeros y la mayoría de las veces en la incomodidad de un espacio reducido, deprime y resulta un grave problema para la concentración y obtención de buenos resultados en el aprendizaje. Los alumnos están más preocupados en terminar las tareas –que en muchos casos son excesivas- en lugar de querer aprender.

Celia Pérez, estudiante de secundaria, contó que en su colegio se utiliza la plataforma zoom para clases de determinadas materias, sobre todo para “las más complicadas, con números”; classroom para las explicaciones y WhatsApp para el envío de tareas o prácticas. “Es complicado aprender; es fácil distraerse o engañar al profesor. También ocurre que se acaban los megas o la señal de wifi y los maestros nos quitan puntos o no hacen valer la tarea”, dice.

Otro alumno de una escuela fiscal (pidió reserva de su nombre) señala que los contenidos de materias y tareas le llegan por WhatsApp únicamente. “Los profesores mandan los deberes por toneladas y no quieren escuchar razones cuando alguien dice que no tiene celular o debe prestarse de su papá. Además, sólo quieren cumplir con lo programado para este año, sin importarles lo que vivimos en nuestros hogares”, se queja.

Finalmente, un pequeño de seis años de edad expresa que aprende a leer y escribir con la ayuda de su tía porque sus papás y hermanos están ocupados en otras labores cotidianas.
La profesora de Psicología y Filosofía Mavedi Araníbar revisa tareas enviadas por sus alumnos a la plataforma del colegio.

Los padres, los nuevos protagonistas

La educación virtual puso en la palestra a nuevos protagonistas: los padres de familia, que sin duda son los que más conducen ahora el proceso de aprendizaje de sus hijos.

Carmen Apaza, madre de niños de un colegio fiscal señala que sus hijos sufren lo indecible con este tipo de enseñanza. “Aparte que no disponemos de computadora, los profesores les envían tanta tarea por WhatsApp que se la pasan escribiendo horas de horas para luego fotografiar y enviar los deberes”. Comentó que al margen de realizar sus labores diarias en su hogar debe revisar e incluso ayudar a hacer las tareas escolares.

Luciano López relata cuánto sufre por esta nueva realidad. “Como padre de familia estoy resignado a esta forma de educar; sin embargo, sufro porque mis niños aparte de realizar sus tareas tienen que ayudarme en mi actividad diaria, soy obrero. Hay momentos en que quiero rendirme, pero no puedo, debo seguir guiándolos y enseñándoles lo que no pudieron entender al profesor”, dice.

Según Ximena Rodríguez, madre de familia de dos niñas, en el caso de los más pequeños las dificultades han sido mayores porque si bien los maestros elaboraron muchos materiales, fueron los padres y especialmente las madres de familia quienes tuvieron y aún tienen que enseñar a sus hijos.

A tiempo de agradecer por el esfuerzo de los docentes, Rodríguez señala que la brecha en la enseñanza entre colegios particulares y fiscales creció. “Han entrado en desventaja muy grande por la diferencia en los avances de los programas de cada nivel y creo que los gobiernos central y local deberían tratar de nivelar”, puntualiza.

Tania Hassenteufel, madre de familia de un niño de quinto grado de primaria, tiene una mirada positiva de este tipo de enseñanza. “Hay semanas que trabajan directamente con el docente y otras que todos se enganchan a un tema y lo disgregan y los chiquitos investigan y participan”, relata.

Cecilia Uriona cuenta que al principio se presentaron tropiezos en el colegio al que asisten sus hijos, pero actualmente todo está controlado con las herramientas que utilizan los maestros y permiten tener las tareas organizadas en un solo lugar.

“Los profesores han tenido que adaptarse a la nueva realidad y si a veces era difícil controlar un curso de manera presencial, a
hora debe ser mucho más cuando la interacción es solamente a través de una pantalla. Los maestros se esfuerzan para que los chicos entiendan lo que se quiere enseñar”, destaca.

Martín Torrez señala que ni los profesores y menos los alumnos estaban preparados en La Paz para recibir a la Educación Virtual y agrega que muchas universidades desarrollaron esta forma de educación con buenos resultados, pero les tomó años poder consolidarla.

Opina que la propuesta de los colegios bolivianos es muy pobre porque los profesores se vieron forzados a improvisar este tipo de enseñanza y los alumnos no aportan para que ésta sea productiva.

“Es triste, pero es la realidad. Pienso que los colegios tendrían que esforzarse más en capacitar a los profesores en esta modalidad y que el Ministerio de Educación debería proporcionar a los colegios licencias para usar plataformas adecuadas”, comenta.

Damián Jiménez apunta que su hija pasa clases virtuales diariamente que disfruta mucho y en el caso de su hijo menor, máximo dos veces al día porque “la idea del colegio es que no se aburran mucho". Menciona además que existen profesores realmente geniales que hacen buen seguimiento y adicionalmente se cuenta con un buen acompañamiento de psicólogas que sin duda son muy importantes para lograr un aporte emocional en estos momentos.

La educación virtual también impacta en la salud, especialmente en la vista, al respecto el oftalmólogo Luis A. Rodrigo recomienda tener distancia entre los ojos del operador y de la pantalla de la PC de unos 50 centímetros y para el celular un espacio de 30 a 35 centímetros; evitar uso de monitores a oscuras; parpadear frecuentemente y luego de un par de horas descansar 10 minutos sin pantallas.

La tecnología que excluye


La tecnología disponible es bastante generosa, permite armonizar una serie de recursos digitales (libros electrónicos, vídeos, audios e imágenes) y virtuales (plataformas, tutoriales, redes sociales, videoconferencias, correo electrónico, chat) para llegar al estudiante con todo lo que requiere para realizar el curso, aprender la materia.

La profesora Marianela Calderón menciona algunas plataformas que permiten el desarrollo de competencias y habilidades como

Google Classroom; Microsoft Teams; Go to meeting; Zoom y EVA de Santillana, entre algunas.

Sin embargo, estas prácticas “on line” implican también disponer de medios tecnológicos adecuados al internet y esa solución excluye a estudiantes e incluso a profesores con pocos recursos económicos.

“No dispongo de una computadora en mi casa y los textos que me llegan de mis profesores son tan largos y las imágenes tan pequeñas que no puedo aprender todo lo que intentan enseñarme mediante mi celular. El crédito se me acaba o se va la señal de internet. Al año paso a secundaria y creo que llegaré mal preparado o tal vez me aplace, todo me desmotiva”, dice Gustavo, niño de 11 años.